jueves 15 de septiembre de 2011

deseos


quiero disfrutar del anonimato de una ciudad cualquiera y, desde el balcón de uno de sus rascacielos, ver derretidas las innumerables lucen que la encienden *

quiero estar en un paraíso tropical a la hora en que las luces empiezan a estrellar el cielo, la marea adelgaza la playa y el hielo se derrite en el vaso de caipirinha *

quiero esperar el tren a primera hora de la mañana mientras como una manzana sentada sobre una mochila sucia y te extraño *

quiero estar exactamente donde estoy, es la hora mágica: los edificios se prenden fuego, el cielo se tornasola, la primera estrella me llama por mi nombre *

martes 15 de marzo de 2011

instantáneas

guardan las manos memoria muscular de haber amado
-
Susana Villalba-


En una mesa del café donde desayunamos una rara mañana que amanecimos juntos, me enseñaste a jugar sudoku antes de despedirme con una fórmula imprecisa *

Nos alejamos de las casas para jugar con las linternas debajo de una manta en el descampado donde nos acurrucamos de madrugada para transitar el frío y quedarnos con las ganas *

Volvimos de noche cruzando arroyitos hasta sentarnos por fin en un tronco partido y, mientras la gente se divertía en los alrededores, yo te di un beso en el cachete para que supieras que te quería *

A la medianoche, caminamos abrazados por Congreso y, cuando terminaste de leer aquél pedacito de La vida es sueño, la niebla se tragó la plaza y nos dejó confusamente solos *

Pasaste por mi casa y caminamos por el barrio tocando la guitarra entre gente que miraba y, cuando juntamos las monedas necesarias, compramos una chicha en ese bar, en una esquina *

Tomamos el subte y nos sacamos una foto que salió quemada por el flash después de aquella carta que me diste y antes de volverte a Mar del Plata donde te esperaba tu mujer *

Recorrimos la ciudad en tu moto en primavera y con la cámara reflex de mi abuelo guardamos para siempre los murales que tanto nos gustaban *

Fumamos un cigarrillo fugaz bajo la luna fría y el destello de la galaxia que servían de escenario perfecto para el beso que no me diste sino diez días después en circunstancias menos espectaculares *

Estabas contento la tarde que, después de tirarme ese bon o bon que yo atrapé en el aire, me sacaste a bailar un vals frente al río, bajo la lluvia *

***

viernes 4 de marzo de 2011

hay gente muy linda

Hoy escuché un pajarito y me acordé de vos. El otro día te espié y vi cómo le hablabas a uno. No sé qué cosas le decías porque yo no hablo idioma pajarín, pero seguro eran cosas muy hermosas porque él cantaba de contento.

También vi cómo las plantitas te escuchaban atentas leer un poema y cómo el sol se corrió un poquito para que tuvieras sombra y el árbol de tu jardín agitó las hojas para que no tuvieras calor.

Una mañana, el aire fresco que entraba por la ventana se perfumó para recibirte y yo respiré hondo y toda la casa parecía un bosque de pinos. En serio, yo lo olí.

Cuando te conocí no sabía nada de vos y ahora tampoco. Pero sé lo más importante de todo: sos una persona lindísima porque sólo los seres así se llevan tan bien con el universo.

Una vez, hace tiempo, yo conocí a un hombreniño que se moría de risa con las estrellas y, de día, le ponía nombre a las nubes. Él me enseñó muchas cosas y yo le regalé un poema.

Las personas que hablan con pajaritos y se divierten con las estrellas son mis favoritas y nunca las olvido.


miércoles 2 de marzo de 2011

yo mi me conmigo


cuando salió la soledad aquella mañana de verano,
ella encendió la radio, puso a calentar el agua,
abrió de par en par los viejos postigos de su casa y dijo:
pero ¡qué sol estoy en esta mañana de soledad lindísima!

sábado 15 de mayo de 2010

qué lindo que es crecer


La casita donde vivo está bien equipada. Es muy chiquitita, pero a mi no me importa porque no necesito más espacio. Es alegre porque hay plantitas y las paredes están pintadas de colores.

Me gusta preparar mate en la cocina que parece de cuento y me gusta sentarme a pasar el tiempo en el patio que me recuerda siempre la infancia y el verano.

Yo vivo con mi amiga Geral y con un conejo que se llama Roque. También tengo un cactus que se llama Cactus y hay una planta de batata que crece muchísimo.

Tengo libros en la biblioteca y una lunita que me regaló Joe Cocozza. Joe Cocozza es un chico inglés que una vez conocí y que tiene algo de oso y de corderito. Hay fotos también porque me encanta mirar el mundo y sacarle fotos para acordarme después de cómo era.

Mis vecinos Blanca y Jorge son muy buena gente. A veces, Jorge se pelea con las personas que están en la televisión y se enoja un poco cuando él les habla y ellos no le responden. Entonces, les dice cosas muy feas que no puedo reproducir acá porque ésto es un poema y en los poemas se dicen cosas hermosas. Mi vecina Paula canta muchas veces al día y no me molesta porque canta bien. A veces, sus alumnos también cantan, pero ellos están aprendiendo y todavía son muy desafinados. Esos días yo me quedo en mi habitación y me pongo algodones en los oídos.

Es muy lindo vivir en mi casita que queda en un barrio lleno de sol. No me gusta, en cambio, tener que preocuparme por cosas aburridísimas como ser: llegar a fin de mes o tener que ir a pago fácil porque nos pueden cortar la luz; cuánta maldad hay en las compañías prestadoras de servicio. Tener que elegir entre una milanesa de soja o una pechuguita de pollo, por ejemplo, me fastidia muchísimo.

jueves 18 de febrero de 2010

saudade

Me gusta mucho pasar una y otra vez por la que fue tu casa, tu casa de la calle Paraguay.

Siempre recuerdo con alegría la terraza de tu casa, esa terraza con tan buena disposición para las cervezas y para el amor. Los vecinos también recuerdan la terraza, pero se sienten tristes porque ya no ven personas que toman cerveza hasta muy tarde ni personas que se dan confusos besos bajo las estrellas y bajo las luces de la vecindad.

Me gustaba tu casa siempre tan llena de pelusas y tan sin corazón; porque vos no habitabas tu casa como cualquier persona habitaría una casa. Tenías una manera muy particular: La plantita que te regalé, por ejemplo, se murió. La mataste con la indiferencia como solías hacer con la verdura que dormía en tu heladera meses y meses. Eras solidario, en cambio, con los hongos que acampaban en tu baño. Hay que mencionar, para no ser injusta, el amor libre que les profesabas.

Como sea, era tu casa de la calle Paraguay y tenía una terraza y yo te visitaba a veces para que no estuvieras muy solo.

Antes, pasaba por la que fue tu casa de la calle Paraguay y lloraba a más no poder. Pensaba: Es la casa donde mi amigo y yo tomábamos cerveza y amorábamos si era lunes y si los planetas estaban felizmente alineados. Pero, ahora, cuando paso por tu casa y recuerdo la terraza tan llena de pelusas y testigos yo sonrío y también nostalgio un poco. A veces me pregunto si vos notalgiarás también ahora que tu casa está tan lejos de esta ciudad y tan tan lejos de mi. Yo no creo que sepas nostalgiar porque eso es algo que no todo el mundo sabe. Nosotros en esta ciudad sabemos hacerlo muy bien y nostalgiamos muchísimo.

Será por eso que me gusta tanto pasar una y otra vez por la que fue tu casa de la calle Paraguay y no llorar y hasta reír nostalgiosamente.

miércoles 3 de febrero de 2010

warning

No vais a creerlo, pero existen pérsonas pérfidas concéntricas, atúrdidas por el sónido de las máquinas, que desconfían del arco iris. Se trata de gente maléfica maléfica capaz de despreciar a los pájaros y a los cónejos.

Son negadores obstinados de las cosas que no existen, verdaderos comedores de niños y cronopios, fanáticos retrógrados de préceptos y estátutos.

Es gente muy pelígrosa, afectada por un exceso de lógica y córdura y
a veces, pican con ímpetu y ésmero.

Ante la menor sóspecha, soltad de inmediato a las hadas y a las libélulas.

martes 2 de febrero de 2010

verano


Siempre vuelve el deseo de fotografiar a los viejitos que descansan en las puertas de las casas cuando el sol baja y las veredas humean Siempre nos dejamos envolver por esa nostalgia estival de los barrios a la hora de la siesta Siempre vamos a voltear la cabeza al pasar por esa esquina donde hubo sitio para todo Siempre el mate, los viejos banquitos, los hombres en camiseta Siempre el asado los domingos, la tristeza, la noche desconcertada de cigarras Me gusta que no sople viento en el patio de la casa de mis viejos Me gusta como suenan las radios en AM Me gustan los bichitos que viven en los libros amarillos del tiempo Me gusta Pensar que es posible hacer un pic nic donde termina el arco iris Enojarme con los conejos y al fin Fotografiar a los viejitos que descansan en las puertas de las casas cuando el sol baja y las veredas humean y la nostalgia pasa por la esquina y la tristeza de los patios resuena en las radios amarillas del tiempo más allá del arco iris y la bronca.

lunes 4 de enero de 2010

diamante negro


tengo alguna cosa como ser un buen recuerdo y casi nada feo o nada feo o nada más que el olor a vainilla de los besos después del desayuno y sobre la mesa dejar esparcidas las prendas de mi amor o bajo la noche amorar en los patios o aprovechar la oscuridad de ciertos teatros o una invitación al abrazo correr tomar cualquier taxi y también casi escucho risas si estamos desnudos paris je t´aime o no me gusta joy division o bailar o comer en el piso y amar en el piso y llorar en el piso o en los sillones o me quedo en silencio no sé yo lo único que sé es poner el despertador más temprano para detenernos en la cama antes de ir a cumplir con lo que es debido y sonreir si vos me mirás con los ojos o con la boca si me mirás sé sonreir y reir hasta que me duele la panza y sé estar con vos aunque no tengamos qué decirnos si sé que en algún lugar nos compartimos si sé que hacemos agua ahi pero más allá orillamos a veces con exquisitos puentes porque es bellísimo amanecer y verte hecho un ovillo con remerita y llevarte un jugo a la cama y no soltarte y sorprenderte después con canciones qué lindo es sorprenderte pero qué pena que rechaces así un corazón de papa o una papa con forma de corazón y me llenes de invierno el mes de enero.

martes 5 de mayo de 2009

still in doubt

si me dijeras que
te taloneo los pisos
te ventaneo las espías
te orejeo las mordiscas
te careo en las caricias
te trabajo en los molestos
te timbreo los tocos o
te silencio las investigaciones

consentiría que
no presenciarias mis soportes
personificaras mi ignorancia
contactases los evitas
no amorases tus ocultos
evidenciaras las fueras
amurases los escribas
o me indiferenciaras con mis matas


en fin que
corazonaras mis rotos
llorases mis hechos
no historiases mis preguntas

pero yo ni siquiera
vivo en tus presiones
y apenas te almeo los tanteos


y además vos todavía
corporizás el fuego
y silenciás tus llantos
cada vez que
me acogotás los abrazos

no comprendo que
pico te bichó
no comprendo porqué
estás maleando conmigo


martes 3 de marzo de 2009

un viejo

El viejo cruzaba la avenida Corrientes sin apuro, como si el semáforo fuera otra luna dispuesta a esperar la noche entera. El paso cebra se eternizaba debajo de sus pies de plomo, pero era lindo verlo caminar como un beatle entrado en años, de bastón y sombrero, separando bien las piernas, con cierto ritmo. La luna, en una de sus fases, no era un detalle cualquiera: iluminaba la noche con una luz húmeda. Pronosticaban lluvia fuera y dentro de las casas; por eso la gente apuraba el paso sin saber bien a dónde ir. El viejo, en cambio, de traje azul a rayas, de sombrero como en las películas de antes, parecía encargarle a la lluvia que esperase, que todavía no había terminado siquiera de cruzar la calle. Me sorprendieron los autos cuando cambió el semáforo y dijo: adelante. Los autos esperaron que el viejo cruzase sin irritarse. Yo los miraba y parecía que, lejos de enfurecerse, le hacían una reverencia, como si las personas dentro de los coches sonrieran y bajaran un poco la cabeza al ver pasar al viejo. Como saludándolo, como deseándole cosas buenas. Las luces de los autos ponían en evidencia la humedad que había en el aire, alumbrando las minúsculas gotitas de una garúa imperceptible, sólo descubierta por la luz. El viejo estaba todavía por la mitad y yo no sabía si cruzar o seguir observándolo desde la vereda, con esa lluvia que amenazaba por todos los flancos. Creo que intenté seguirle el paso, pero no pude moverme, como si la marcha del hombre hubiera detenido la rotación de la tierra por unos cuantos instantes, para que él pudiera cruzar tranquilo la avenida sin que nadie lo molestase. Quise gritar: ¡viejo! pero entonces me di cuenta que el silencio de la calle era total y que tampoco yo podía pronunciar palabra. El viejo había callado de un solo bastonazo el ulular del mundo. Y de pronto estábamos todos allí (los vecinos, los coches, la lluvia con sus relámpagos, la luna en su fase menguante), esperando que el tipo llegara a quién sabe dónde. La verdad, no sé cuánto tiempo demoró el viejo en cruzar la avenida. Pudo haber sido un año. Pero yo creo que, cuando por fin llegó a su casa en la esquina de Corrientes y Gurruchaga, subió despacio la escalera de granito, colgó el sombrero, apagó el bastón, encendió la pipa y empezó a llover.

sábado 14 de febrero de 2009

siesta


La calle se duerme como niño quieto. Los perros, de tiesos, parecen estatuas. Los viejos en la plaza son fotos viejas olvidadas en los libros. Y las hojas y los panaderos no son más que manchas del aire. El tiempo se acumula en los relojes: un muchacho y una muchacha se besan para siempre en una esquina. Y los heladeros, con sus lentos pregones, atraen a las niñas que arrastran a sus abuelas a la calle.
Algunos prefieren la frescura de sus habitaciones, la oscuridad de los postigos, la compañía sonora de los viejos ventiladores.
Otros, enamorados de los patios, dejan ir la tarde en camiseta, entre mate y mate.

Los escolares felices, que huelen a verano, tienen moretones en las rodillas que exhiben como trofeos y beben el agua de los bebederos sacando de quicio a las palomas. Un poeta, incapaz de ir al almacén sin sus lentes, lee bajo las sombras de los árboles y un par de viejos cambian por hoy la cola de los bancos por los bancos de la plaza.
Es sábado. Se está en el barrio. Ya se va levantando la siesta.

jueves 12 de febrero de 2009

historias breves

pasó el intervalo que no fue
acaba de irse así, sin suceder

soy calle por donde fuimos
o debimos ir o hemos de ir
soy los bancos del parque
cuando quedaron a oscuras

¿importa conocerte?

dije tu nombre
rápida e imperceptiblemente
como el paso del tiempo

mi corazón está como si fuera tu corazón:

intacto

sábado 7 de febrero de 2009

petición

neuronas lúdicas:
hagan sinapsis de una buena vez
dejen ya esa vocación de nube
y envíen señales a tierra


posibilidades

a veces quise una casa a la orilla de un tren
y un jardincito con banquitos de plaza y un solcito

decía entonces:
¡buenos días, torcacitas! ¡buenos días, don Luis!
y el amanecer venía con olor a pan

y vi también, en esas horas querendonas e irrepetibles:

chicos con la boca sucia de helado
enfrutillando el barrio, faltándole el respeto a la siesta

y señoras llenas de plumas contándome
día a día, una a una, las canas de mis años


otras veces quise un corazón de barco,
un temporal de arena en un reloj
un calendario dócil como un retoño

sentía, en esos momentos de mar,
la sal de todas las cosas
y el horizonte, tan abrazable como los amigos


un día soñé también con otra ciudad
saturada de adoquines y de músicos
y me encontré pintando lienzos
con colores de aldea o de trigo

pero
no tengo una casa a la orilla de un tren
mi corazón nunca se vino barco
y mi ciudad es ésta, sin adoquines ni músicos

no digo: buen día
todos mis relojes están sulfatados
nunca aprendí a pintar
ni conocí los trigales


quise escribir versos y me nacieron gárgolas

confesiones

a decirte voy una brevísima cósima:
no es posible que vengas con besos
los sábados de lluvia y torrenciales
no es corrrrreccccto ni diplomático ni protocolante

ahora tan bien me venís a gustar y
qué hago yo decime qué hago
sé, conozco respuesta beatle a situación análoga
conozco laissez faire alienante de los siglos de los siglos

ay tu venida precisa de gota de lluvia
mojando en cámara lenta mi espalda

ay tu bienvenida venida un sábado
me promiscúa la última promesa
me descose la semana me atolondra el tictac

terminando declarada confesión
de confusión de principios incertidúmbricos
me retengo de vos dándotesalú

y dos calóricos abrazos de incandescencia


fiesta

Veredas etílicas. Ritual urbano.
Hombres profundos como animales.
Mujeres alegres como tambores

que apagan el sol cuando atardece.

La música abre un nuevo tiempo viejo.
A la seña del timbal, bailan los olores, el deseo.
Los cuerpos se combaten.

Tenemos en juego una noche de amor.

El calor intimida a la lluvia que ha quedado suspendida a mitad de camino.
Los que olvidamos lo simple debatimos con ella:
¿Quiénes irán a perpetuarse cuando el juego haya terminado?
¿Quiénes saldrán victoriosos, perfectos, naturales ?

Hermosas criaturas de Darwin
sudando,
mostrando los dientes,
mojándolo todo con sus líquidos vitales.



postales II

otoño que golpea dulcemente
los parques y las avenidas
las tristes calles que son de cuento
que son de París

aunque esto es Buenos Aires

las manos en los bolsillos
el viento ocre de hojas y tristezas
retorno de otoños sucesivos:

andar sola por la calle
un café
un cigarrito
un libro en la cabeza

y me viene de Londres
la niebla de los cerros, las primeras nieves
me viene del mar otro retorno

el otoño siempre llega a recordarnos
que perdimos

sin embargo, te amo
me hacés sentir inventada por alguien

estoy caminando alegre
como si la pena fuera
parte de un cuento
de un poema

postales

el día amanece primero en el asfalto
densos hilos de brea caliente

como bracitos desesperados
demoran mis pasos

tengo los tobillos negros y ardidos
y la sed del mundo en mi garganta

me detengo en un pulmón de Buenos Aires
tablero de ajedrez mutante
escaparate de tanto absurdo:

un sujeto vestido estrictamente de edificio público*
camina con cara de retrete
a una velocidad digna de admiración
una gota se me enreda
una paloma se detiene en el ombligo

la Plaza está vallada
nunca la conocí libre

en este pedacito de ciudad
los adultos se adulteran para ir a la oficina
y los niños
molestamos a los Granaderos



*o de cadáveres (Neruda en el corazón)